Uno mira estos pueblos, estos paisajes,
este ir y venir de sus gentes,
y comprende de un solo golpe de intuición
el argumento vital de esta tierra extremeña:
la belleza, el dolor, la alegría, la soledad, el esplendor y la miseria.
Aquí esta todo lo que somos y fuimos,
la trama de nuestra historia
y de nuestro singular modo de ser y de vivir.

Luis Landero

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En esta “Extrema Dorii” (en el otro extremo del Duero), o en estos “extremos” de las antiguas fronteras de conquista y reconquista, se ubican las tierras de Badajoz. Naturalmente, Badajoz, es lo que es gracias a lo que fue; y, naturalmente, Badajoz, será en buena medida lo que queramos nosotros que sea.

En esta aventura de conocimiento y reconocimiento, que ahora comienza, cabalgaremos estos parajes, los vislumbraremos a vista de pájaro, los saborearemos trago a trago libando siglos de historia. Podemos rastrear nuestros orígenes más remotos en cuevas y piedras paleolíticas que son nuestra Dordoña o nuestro Atapuerca. Espectaculares construcciones megalíticas dignas de nuestro asombro están mucho más cerca de lo que imaginamos. Recordaremos a nuestros antepasados celtas, vetones y lusitanos que cultivaron las márgenes de nuestros ríos y criaron ganado sembrando con ello las semillas de nuestro reconocido acervo cultural. Disfrutaremos de las numerosas y maravillosas huellas que la civilización romana hizo que también fueran nuestras. Ciudadanos latinos, tras el edicto de Vespasiano, nos incorporamos a ese gran mundo romano, que aunque nos arrebató parte de nuestro pasado, nos aportó mucho de lo que ahora somos. Y desde más allá del limes, desde el Barbaricum, llegaron pueblos jóvenes que arrasaron nuestras tierras, que nos obligaron a construir murallas y que más tarde fueron conquistados por nuestra civilización, a la que se incorporaron, a la que aportaron más de lo que siempre se ha contado.

En ese sustrato latino aderezado de tradiciones prerromanas y completadas con aportaciones germánicas nació España, siendo nuestra tierra protagonista fundamental de ese nacimiento. Tras la llegada de nuevos pueblos, que venían del otro lado del mar, de las montañas del norte de África y de desiertos lejanos, animados por una nueva fe, se abrió otra etapa de nuestra historia. Estos nuevos pobladores también fueron extremeños. Nuestro lenguaje, nuestra gastronomía, nuestra forma de ver la vida incorporó algunas de sus aportaciones. Y siguiendo ese motor histórico que es una constante a lo largo de nuestros siglos, se rebelaron contra el centralismo califal de la capital cordobesa y fundaron ciudades, como nuestra Batalyaws, y reinos de taifa.

Pasó el tiempo y, tras las idas y las vueltas de la Reconquista, Castilla, León, y su hija Portugal, fijaron sus ojos en estas tierras, y dibujaron fronteras, y lucharon por ellas y comenzamos a vivir de espaldas con los del otro lado.

En esa nueva realidad histórica muchos de nuestros antepasados cruzaron el océano y llevaron nuestros nombres y nuestra sangre al nuevo mundo. Tras un breve reencuentro con nuestros vecinos del otro lado del río volvimos a separarnos con las guerras y las querellas tan propias del ser humano. Desde entonces el tiempo parece enlentecer y la decadencia se instaló en nuestros lares y, en cierto modo, aún no nos ha abandonado. Esta manera de ser y de estar, deplorada desde una visión materialista, es una bendición para los que se quieren alejar del ruido y del humo que no nos dejan oír y ver lo mejor de nosotros y de nuestra tierra, lo que tenemos más cerca. Badajoz, naturalmente. Y su entorno, en todas las direcciones geográficas, en todas las épocas históricas, en toda su riqueza de matices, en todos…Naturalmente, Badajoz.